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Gravity

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Una obra maestra del cine contemporáneo Un día me planté en la puerta del cine sin saber muy bien lo que proyectaban. Fijaros cómo sería el nivel de la cartelera, que me metí a ver Parque Jurásico en 3D con la intención de darle una última oportunidad a las tres dimensiones. Error fatal. Al menos disfruté con nostalgia de aquellos dinosaurios tan bien recreados que marcaron un antes y un después en la historia del cine. Y también pensé que nunca jamás volvería a tener la sensación que tuve cuando hace 20 años salí de ver Parque Jurásico . Esa sensación de haber visto algo especial. Algo nuevo. Algo influyente y eterno. Sin embargo, ese día hubo una cosa que me llamó poderosamente la atención. En concreto, el breve trailer de una película llamada Gravity . No lo dudé. Me dije a mi mismo: "Esta hay que verla". Un par de semanas después, en el mismo cine, en la misma sala y con las mismas gafas 3D... levité sobre la butaca. Y es que volví a sentir exacta...

El periodista de la triste figura

Navajeda es un pequeño pueblecito cántabro situado entre La Cavada y Entrambasaguas. Allí mi familia tiene una preciosa finca donde correteaba de niño absolutamente libre y asilvestrado. Cuando apenas levantaba un metro del suelo, tuve el impuso de escribir un periódico semanal que "alquilaba" a mis familiares por 25 pesetas. Se llamaba "La Trinca" (en honor al trío musical catalán que tanto me gustaba). Básicamente informaba sobre las chapucillas que hacía mi abuelo, la actualidad del Racing y algún cotilleo del vecino. Información general, deporte y sociedad. Se podría decir que era todo un visionario. "La Trinca" jamás se vendió a nivel nacional, ni siquiera regional, pero entre mis familiares fue todo un éxito. Con los beneficios en el bolsillo, agarraba mi destartalada bicicleta y pedaleaba a toda prisa hasta el bar del pueblo para comprar cromos y golosinas. Desde niño me gustó escribir. Mi primera novela, "La silla mágica", nunca llegó...

El pluralismo utópico

Con motivo de las elecciones y las protestas en las plazas españolas, llevo varios días dando la chapa a la gente con mis ideas de hippie trasnochado. Primero he de decir que me siento verdaderamente orgulloso de los jóvenes españoles que por una vez han decidido organizarse para exigir cambios en la política actual. Y como aún me considero uno de ellos, soy el primero en unirme a la causa y dejarme ver cada tarde por la Porticada. Nadie duda que el panorama actual es desolador. El paro alcanza niveles sonrojantes, la vivienda tiene un precio desorbitado, los títulos académicos no sirven para nada, los ayuntamientos están endeudados hasta las orejas, la seguridad social se hunde, las empresas quiebran... Es evidente que la situación es muy preocupante. Muchos dicen que esto no se arregla acampando en una plaza. Por supuesto que no... pero es una buena forma de empezar. En mi humilde e ignorante opinión, creo que hay dos aspectos fundamentales para cambiar los engranaje...

¡No es mi fiesta nacional!

De jolgorio y pandereta. Turbios bares y discoteca. Hamburguesa o bocadillo de rabas o de panceta. Llueven copas de whisky y ron, tantas que es un gran chaparrón. Uno, cronómetro en mano va más rápido que Baco. Ya se nota la embriaguez, de estas almas descarriadas. Ya comienzan a entender el porqué de su trabada. Y en el Indian no hay color, cuando al salir, sin pensar, una chica sin pudor se pone en la calle a mear. Así que llegaron al Buda más que un bar, una perrera, y en esas que alguno quiere ver los toros sin la barrera. Alza la voz y clama: ¡No es mi fiesta nacional! Entonces se acerca una dama y le invita a salirse del bar. Mi amigo es un poco terco y con la chica quiere lidiar, mientras un ciclado mostrenco se prepara para actuar. El gorila quiere salir fuera del bar a luchar. Mi amigo cual toro resiste... la cuadrilla empieza a temblar. Empujones y vasos que vuelan y el portero que viene enfadado. "Todos a la puta calle", p...

Hija de la luna

Ya tenía ganas de regresar al universo bitacoral... Desde que abandoné a su suerte mi querido fotolog, las ganas de gastar mi tiempo escribiendo gilipolleces habían desaparecido. Pero he vuelto para sembrar el caos y vive dios que me quedaré por saecula saeculorum, amén. Por supuesto que no me he convertido al cristianismo. Ni siquiera he vuelto a experimentar exóticas religiones como el budismo, el chamanismo o el trapecismo. Como mucho, practico el racinguismo de vez en cuando, pero la autoflagelación está bien para un rato. Con el paso del tiempo termina cansando. En síntesis, soy el mismo mendrugo de siempre, aunque con una nueva y desconocida sensación permanente en mi espíritu. Creo que algunos lo llaman felicidad o algo así. Claro... con razón escribía tan poco. Hace unos minutos me enfrenté a la pantalla en blanco y me vi con un inmenso nudo en el cerebro. Necesitaba un buen tema del que hablar en la primera entrada del blog y no me venía nada a la mente. Enton...