El periodista de la triste figura
Navajeda es un pequeño pueblecito cántabro situado entre La Cavada y Entrambasaguas. Allí mi familia tiene una preciosa finca donde correteaba de niño absolutamente libre y asilvestrado. Cuando apenas levantaba un metro del suelo, tuve el impuso de escribir un periódico semanal que "alquilaba" a mis familiares por 25 pesetas. Se llamaba "La Trinca" (en honor al trío musical catalán que tanto me gustaba). Básicamente informaba sobre las chapucillas que hacía mi abuelo, la actualidad del Racing y algún cotilleo del vecino. Información general, deporte y sociedad. Se podría decir que era todo un visionario. "La Trinca" jamás se vendió a nivel nacional, ni siquiera regional, pero entre mis familiares fue todo un éxito. Con los beneficios en el bolsillo, agarraba mi destartalada bicicleta y pedaleaba a toda prisa hasta el bar del pueblo para comprar cromos y golosinas. Desde niño me gustó escribir. Mi primera novela, "La silla mágica", nunca llegó...