Hija de la luna

Ya tenía ganas de regresar al universo bitacoral... Desde que abandoné a su suerte mi querido fotolog, las ganas de gastar mi tiempo escribiendo gilipolleces habían desaparecido. Pero he vuelto para sembrar el caos y vive dios que me quedaré por saecula saeculorum, amén.

Por supuesto que no me he convertido al cristianismo. Ni siquiera he vuelto a experimentar exóticas religiones como el budismo, el chamanismo o el trapecismo. Como mucho, practico el racinguismo de vez en cuando, pero la autoflagelación está bien para un rato. Con el paso del tiempo termina cansando. En síntesis, soy el mismo mendrugo de siempre, aunque con una nueva y desconocida sensación permanente en mi espíritu. Creo que algunos lo llaman felicidad o algo así. Claro... con razón escribía tan poco.

Hace unos minutos me enfrenté a la pantalla en blanco y me vi con un inmenso nudo en el cerebro. Necesitaba un buen tema del que hablar en la primera entrada del blog y no me venía nada a la mente. Entonces me asomé a la ventana y vi una gran luna menguante en el cielo.

Lo tuve claro. ¿Qué mejor manera de estrenar la bitácora, que dando la bienvenida a una recién nacida?. Y es que una excelente persona y gran amigo mío ha sido padre con el cambio de luna (tal y como algunos habían avanzado ante la incredulidad del resto). La cosa tiene mandanga pues es el primer padre oficial de mi grupo de amigos (desconozco si alguno lo es extraoficialmente). Poco después de enterarme de la noticia, me miré al espejo y empecé a intuir unas extrañas arrugas en mi tez juvenil, además de un par de canas que llamaban poderosamente la atención entre mi esbelta melena.

Es curioso. En el momento en que dejas de estudiar y entras en el terrible mundo laboral, los días, los meses y sobre todo los años, pasan a la velocidad de la luz. Una buena muestra de ello son los veranos. Recuerdo que cuando era un pipiolo eran largos, casi eternos. No parecían tener final. Qué decir de aquellas interminables tardes de sol tirado en la calle o en la playa sin nada que hacer... Ahora me paso el verano encerrado en una oficina y cuando salgo ya casi es de noche. De pronto, una tarde cualquiera, me sorprendo a mi mismo tiritando de frío. El verano se terminó y ni siquiera lo he visto pasar. Permanezco tanto tiempo encerrado entre cuatro paredes, que ya ni siquiera distingo la primavera del otoño. Miro hacia atrás en el tiempo y no puedo hacer más que agachar la cabeza y resignarme. Ahora sí que sí... me he hecho mayor.

Llega una criatura al mundo y desde aquí quiero desearle tanto a ella como a sus padres, la mayor de las felicidades. Que dentro de unos años encuentre un mundo un poquito mejor del que tenemos hoy en día. Aunque sólo sea un poquito, no pido mucho más. Ojalá su generación sea más inconformista que la nuestra. Que no crezca anestesiada ante las injusticias que nos rodean a diario. Que no se acomode en lo fácil y luche por unos ideales. No como nosotros, a los que nos han agilipollado hasta el punto de quedarnos en babia mientras nos explotan en un trabajo por un sueldo miserable (el que tiene la suerte de trabajar), nos roban al adquirir una vivienda, nos retrasan la edad de jubilación y olvidan el verdadero pilar en el que se sustenta una sociedad moderna y productiva: la educación. Quien me conoce sabe que no estoy hablando de política. Es el sistema el que se está viniendo abajo como un castillo de naipes... y se nos está cayendo a nosotros en la cabeza. Pero bueno, ya me explayaré a gusto en posteriores entradas.

Después de este rollo es difícil decirlo, pero bienvenida y mucho ánimo pequeña Erin. Quizás seas tú la que cambies el mundo.

¡Salud!

Comentarios

  1. salud y republica amigo, es bonito volver a leer tus vericuetos personales que te crecen en esa esbelta y canosa melena

    ResponderEliminar

Publicar un comentario