El pluralismo utópico
Con motivo de las elecciones y las protestas en las plazas españolas, llevo varios días dando la chapa a la gente con mis ideas de hippie trasnochado. Primero he de decir que me siento verdaderamente orgulloso de los jóvenes españoles que por una vez han decidido organizarse para exigir cambios en la política actual. Y como aún me considero uno de ellos, soy el primero en unirme a la causa y dejarme ver cada tarde por la Porticada.
Nadie duda que el panorama actual es desolador. El paro alcanza niveles sonrojantes, la vivienda tiene un precio desorbitado, los títulos académicos no sirven para nada, los ayuntamientos están endeudados hasta las orejas, la seguridad social se hunde, las empresas quiebran... Es evidente que la situación es muy preocupante. Muchos dicen que esto no se arregla acampando en una plaza. Por supuesto que no... pero es una buena forma de empezar.
En mi humilde e ignorante opinión, creo que hay dos aspectos fundamentales para cambiar los engranajes de la vieja España. Uno es la reforma inmediata de una ley electoral demasiado anticuada. Listas abiertas y supresión del injusto sistema D'Hondt. Otro es iniciar el camino del pluralismo político y la erradicación del bipartidismo. Me explico:
Imaginemos que es el cumpleaños de Pepito y que quiero organizarle una fiesta sorpresa. En un principio, pienso que será suficiente con hacer un par de tortillas y comprar algo de bebida para pasar una buena velada. Sin embargo, llamo a un amigo para pedirle consejo. Me dice que a Pepito le encanta la tarta de chocolate, por lo que decido bajar a la pastelería y comprar una. Otro amigo común se entera de mi iniciativa y viene a mi casa para ayudarme a organizar la fiesta. Aconseja poner música de los 80 porque es la preferida de Pepito. Al cabo de un rato, vienen otros dos amigos más que han preparado un emotivo vídeo con fotos del grupo en las que sale Pepito. Uno de ellos propone quemar la alfombra y bailar alrededor de ella. Pero los demás piensan que no es una buena idea y se rechaza la propuesta. Al final, Pepito disfrutó de una fiesta cojonuda gracias a la colaboración de todos (y además no hubo que lamentar daños materiales).
Así deberían funcionar las cosas en el gobierno. Pluralidad. En España hay gente de derechas, de izquierdas, de centro, de centro-derecha, de centro-izquierda, los hay moderados, los hay más radicales, progresistas, conservadores, capitalistas, comunistas, indefinibles... Todos, en el marco de la legalidad, deberían estar representados en el congreso. Todos deberían tener derecho a expresar su opinión. Formular sus propuestas y después, que el resto vote la iniciativa. Yo no quiero un congreso en el que un partido esté representado en un 55%, otro en un 40% y a las minorías se las margine. No quiero dos fuerzas que se vayan turnando en el poder porque al final, eso no es más que una dictadura con dos cabezas.
Lo verdaderamente contradictorio de todo este asunto, es que las dos fuerzas principales que llevan gobernándonos desde el 82, se han convertido en la misma. A pesar de sus continuos enfrentamientos, ambos partidos se han ido acercando paulatinamente hasta el punto de no existir grandes diferencias entre ellos. ¿De verdad alguien cree que en los últimos cuatro años ha gobernado en España un partido de izquierdas?
Terminar con el bipartidismo es, además, una buena forma de enterrar para siempre el sanbenito de las "dos Españas". Desde la guerra civil llevamos padeciendo el eterno enfrentamiento entre fascistas y republicanos. Un odio que sigue presente en el día a día político y social. Hay que dejar de mirar mal al vecino porque vota al de la ceja o al de la barba. Debemos arrancarnos esas etiquetas y empezar a convivir respetando las ideas de los demás.
¿Queremos seguir viendo a unos y a otros tirándose los trastos a la cabeza, con oposiciones salvajes, agresivas y en muchas ocasiones insensatas? ¿Queremos que nos sigan gobernando los mismos de siempre, a los que ya hemos dado más de mil oportunidades y que continúan decepcionando a todo el mundo? ¿Queremos seguir viendo como los políticos gobiernan para sus partidos y no para el ciudadano? ¿No será mejor ofrecer una oportunidad a aquellos que nunca la tuvieron? ¿Por qué no probamos algo nuevo, sabiendo que lo viejo es un desastre?
Siento repetirme, pero la palabra clave es pluralismo. Es la única vía posible para que la política evolucione. Quizás haya llegado el momento en que la democracia deje paso a la poliarquía. No estoy loco. Soy consciente de que todo esto es una utopía como la copa de un pino. Un sueño que seguramente jamás pueda ver cumplido. Siempre me he sentido un bicho raro por pensar así. Cuando me preguntan si soy de uno o de otro yo siempre respondo: del Racing. Ahora que veo más gente opinando lo mismo que yo, empiezo a tener alguna esperanza. Quién sabe... quizás el 15 de mayo mi sueño comenzó a hacerse realidad.
Comentarios
Publicar un comentario